UNA VISITA AL SANTUARIO

4. UNA VISITA AL SANTUARIO

La iglesia de los Padres Capuchinos de Padua, conocida como el Santuario de San Leopoldo Mandić,trae su origen en el 1500. Casi completamente destruída durante la Segunda Guerra Mundial, fue enseguida reconstruída. Su interno es rico de telas interesantes del 1500 y 1600. Es meta de una constante afluencia de peregrinos que llegan a visitar la tumba de san Leopoldo, colocada en un local adyacente a la iglesia, cerca de la pequeña celda donde el santo confesaba.

La capilla y la tumba del santo

Frente a la celdita-confesonario de san Leopoldo se encuentra la capilla donde desde 1963, reposan los restos del santo. La tumba, de mármol rojo, es meta de continua peregrinación de personas, atraídas por la fuerza espiritual de un amigo que sigue donando protección y conforto. Al interno de la capilla, junto a la lápida de la tumba, en un nicho está expuesto el relicario con la mano derecha del santo: Quiere recordar las innumerables veces que ésta se alzó para absolver, bendecir y consolar.

El artístico retablo del altar de la capilla, realizado por Lino Dinetto, interpreta la misión de san Leopoldo: conducir las almas a la Santísima Trinidad, con la mediación de Jesús Redentor. La estola sacerdotal y el hábito franciscano vestidos por san Leopoldo, recuerdan el servicio y la donación de una entera existencia: el santo confesor se presenta arrodillado como intercesor y como hermano que indica el camino que conduce a la intimidad con Cristo. En la parte externa, sobre la tumba, arde día y noche la “Lámpara de la reconciliación”. El rito de ofrenda del aceite que la alimenta se renueva cada año el 12 de mayo, fiesta litúrgica del santo.

La celdita-confesonario

En este lugar, por casi 33 años, san Leopoldo transcurrió gran parte de sus jornadas, escuchando a los fieles, administrando el sacramento de la Reconciliación, en oración silenciosa. Es un lugar pequeño, tal como era en tiempo del santo: una butaca sobre la que se sentaba el confesor y un reclinatorio para el penitente, unidos por un crucifijo colgado de la pared, ante el cualse detienen en oración devotos y peregrinos. Se advierte aún la presencia del santo, siempre dulcemente acogedora.Con él los fieles continúan un diálogo ininterrumpido, dejan escritos,oraciones, agradecimiento, en las páginas de un grande volumen puesto sobre un atril. En uno de estos volúmenes el 12 de setiembre de 1982, el papa Juan Pablo II, después de un rato de oración, puso su propia firma. Los muebles originarios de la pequeña celda, junto con otros objetos pertenecientes al santo, están expuestos en dos salas contiguas.

Una lápida puesta sobre la pared externa recuerda cómo en el bombardeo del 14 de mayo de 1944 la celdita-confesonario fue prodigiosamente preservada para que, como el santo había profetizado, “permaneciese un monumento de la divina misericordia”.

La iglesia de los Capuchinos

Desde el lugar de la tumba de san Leopoldo se accede a la iglesia, o más precisamente a la penitenciaría, iluminada por una vidriera policromada, en cuya base, como invitación a celebrar el sacramento de la Reconciliación y regresar a la vida de cada día renovados y transformados, se leen las palabras de san Leopoldo: “La misericordia de Dios es superior a cualquier expectativa. Antes de cualquier otra gracia los santos recuerdan que es necesario pedir “la gracia”, es decir, la experiencia del amor gratuito de Dios, de sentirnos hijos en el Hijo Jesús, en el don del Espíritu Santo que grita en nuestros corazones: “Abbà, papá!”.

Una parada en la iglesia ofrece la posibilidad de adorar el Santísimo Sacramento en el Sagrario, puesto al centro del coro de los frailes; permite contemplar el intenso y artístico crucifijo lígneo de Luigi Strazzabosco, el misterio de la redención; venerar la estatua de la Inmaculada, intacta también después del bombardeo del 1944. Delante de ella padre Leopoldo celebró la Santa Misa por mucho tiempo. Sobre la pared del fondo sobre el portal de bronce con santos y beatos capuchinos vénetos, se pueden admirar tres telas. Desde la izquierda: Transfiguración de Jesús (Dario Varotari, s. XVII ), Gloria de san Leopoldo con la B.V. María y Angeles (G.B. Tiozzo, s. XX) y Coronación de la Virgen (s.XVI).

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